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Menudo e incomprensiblemente aislado de toda especulación immobiliaria, mantenía su costa virgen con dunas y especies de aves habitaban una curiosa reserva natural: lirios, azucenas, especies autóctonas de gaviotas i pequeños reptiles. La parte más poblada era el puerto pesquero, el cual permitía a sus habitantes mantener una economía de subsistència. A pocos kilómetros de la orilla, el pueblo. Sus casas encaladas, azulete en las ventanas y cortinas de red en las puertas, formaban el pequeño núcleo urbano en cuya plaza mayor, a la sombra del gran olmo, revivían las historias de antaño los más mayores, al atardecer, cuando el sol ya no hería la piel.

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