Ya no quería seguir siendo ella, ni la escritora, ni si quiera el pintor. Ya no quería seguir siendo la niña modosita que siempre le decía sí a papá. Ya no quería ser el ojito derecho de mamá con su comportamiento refinado y su panfleto de notas impecable.

Pero tampoco quería ser como la escritora, ni como el pintor. No quería ser una copia de nadie. Quería crear un molde para ella sola, reconstruirse y romperlo antes de que nadie pudiera meterse en él.

Corrió a casa y se encerró en su cuarto. Decidió no salir hasta completar la metamorfosis.

No salió.

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