En ese momento la chica tropezó y los libros se le cayeron. La escritora y el pintor se levantaron y la ayudaron a recoger el estropicio involuntario:

- Te has leído todos estos libros? - preguntó la escritora.

- Sí, cuentan historias maravillosas que algún día me gustaría vivir - contestó la chica.

- La vida es un lienzo lleno de colores y tu, como pintora, le vas dando los matices -añadió el pintor.

- Mi lienzo aún está en blanco y mi vida aquí no tiene emociones. Yo necesito vivir aventuras y conocer gente que me abra nuevos horizontes- agregó la chica.

- A veces no hace falta huir, lo que necesitas puede estar muy cerca! - exclamó la pintora.
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